De vez en cuando, cada vez más de vez en cuando, uno sube a la cámara a echar un vistazo a los trastos que hay allí; acumulando polvo con el lento trascurrir de los días de las casa vacías.
Muchos ya no tenemos cámara, los trastos están en las cuadras, ya sin ganado ni bestias, o incluso los más modernos tienen cocheras; pero el efecto es el mismo: polvo, roña, óxido y abandono u olvido.
Aunque de vez en cuando, cada vez más de vez en cuando…
Pero últimamente ha surgido una ocasión para recodar que todos esos trastos, ahora roñosos y llenos de polvo, no lo fueron en sus tiempos; aquellos cachivaches, arristráncanos, armestrinches y otras sutiles denominaciones, tenían un uso muy concreto e incluso fundamental en las vidas de nuestros abuelos; con ellos cosían albardas o serones, uncían a los animales de tiro, segaban mies, aventaban el grano y la paja, o conservaban el agua fresca (o las más de las veces caliente).
Todas estas cosas tienen nombre y apellido, aunque muchos no los sepamos, y por una vez al año lo podemos remediar, todavía queda gente de la antigua escuela, unos orgullosos de aquellos tiempos y otros que piensan que estamos tontos cuando nos alborozamos al ver aquellos útiles de antaño.
Muchos ya no tenemos cámara, los trastos están en las cuadras, ya sin ganado ni bestias, o incluso los más modernos tienen cocheras; pero el efecto es el mismo: polvo, roña, óxido y abandono u olvido.
Aunque de vez en cuando, cada vez más de vez en cuando…
Pero últimamente ha surgido una ocasión para recodar que todos esos trastos, ahora roñosos y llenos de polvo, no lo fueron en sus tiempos; aquellos cachivaches, arristráncanos, armestrinches y otras sutiles denominaciones, tenían un uso muy concreto e incluso fundamental en las vidas de nuestros abuelos; con ellos cosían albardas o serones, uncían a los animales de tiro, segaban mies, aventaban el grano y la paja, o conservaban el agua fresca (o las más de las veces caliente).
Todas estas cosas tienen nombre y apellido, aunque muchos no los sepamos, y por una vez al año lo podemos remediar, todavía queda gente de la antigua escuela, unos orgullosos de aquellos tiempos y otros que piensan que estamos tontos cuando nos alborozamos al ver aquellos útiles de antaño.
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