El otro día pasé con el coche y no lo vi, ¡qué raro, siempre estaba allí!,
no me fijé bien, no iba pendiente. Unos dias más tarde volví a pasar, y esta vez si me fijé,
¡no estaba!, me puse muy triste,¿que le habría pasado?, ya era viejo,
pero parecía muy saludable, me sentaba algunas veces junto a él, o más bien debajo de él,
o sobre él, o todas ellas a la vez, unas veces leyendo y escuchando música, otras veces
sin leer y escuchando los trinos de los pájaros, los zumbidos de los insectos
y los ruidos que hacen las lagartijas debajo de la hojarasca, o viendo el revoloteo de una mariposa,
o todas ellas a la vez, ¡no sé!; ¿cuantas veces, yendo de paseo, habremos bebido del agua que
brotaba entre sus raíces?, ¡que fresquita!, ahora sabrá un poco más triste (al menos para mí).
Tal vez un vástago suyo prospere de sus raices, pero yo no lo veré grande como fue
su progenitor, tal vez los que están por nacer lo vean, Los Castaños no serán los mismos
porque faltará uno.
¡Qué pena!
Paco
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